El Zorzal o Huilque en Chile y Argentina

El Zorzal o Huilque (del Mapudungun Wilki) cuyo nombre científico es Turdus falcklandii, tiene sus patas y picos amarillos, como un típico miembro de la cosmopolita Familia de los Turdidade, compuesta por 48 géneros y 304 especies, que habita en prácticamente todas las regiones del planeta. Esta especie es común en los campos cultivados, al borde de los bosques de Nothofagus abiertos, en el bosque Araucano, como también en los asentamientos del hombre, en parques y jardines, desde la precordillera a unos 3.000 metros de altura desde el nivel del mar hasta las costas marinas. Se le observa en variados ambientes pero siempre ligados a árboles y arbustos con áreas sombrías y húmedas. Es común verlo caminar lentamente, deteniéndose de vez en cuando como para escuchar, repentinamente da rápido un picotazo y captura una lombriz o un insecto en el pasto. Se distribuye en Chile desde Chañaral hasta el extremo Sur pasando por Tierra del Fuego en el Cabo de Hornos, incluido el archipiélago Juan Fernández. En Argentina lo encontramos desde el cinturón que forman por el Norte Buenos Aires y Mendoza, después Río Negro y Neuquén, hasta Tierra del Fuego. Es abundante en Las Islas Malvinas a las cuales debe su nombre científico (Islas Falkland). Si duda alguna un compañero fiel de nuestra vida en las ciudades, que se puede observar en nuestros jardines durante todo el año. Su canto es un silbido lento y melódico típico de un Turdus - se dice que cada macho tiene su propio repertorio - el que interpreta en primavera y verano en la obscuridad crepuscular de la mañana o bien del atardecer. Tan famosos son los miembros de esta familia como grandes músicos, que se señala por algunos que el Mirlo Shama de Borneo rivaliza con el Ruiseñor en riqueza y versatilidad. El Zorzal por su parte tiene una serie compleja de voces, unas ásperas y breves y otras muy elaboradas y trinadas. Resulta típico que sus melódicas entonaciones, se inicien en los últimos momentos de la noche, justo antes que empiece el amanecer, por ello se indica en el Sur de Chile que es el Director de Orquesta, pues es el primero que canta para que luego con las primeras luces del alba aparezcan las otras melodías de las más diversas especies  que nos acompañarán durante el día. En la intimidad de nuestro lecho, que agradable es oír a este afinado centinela de nuestro calendario, para luego darse media vuelta y dormir otro poco más hasta que suene el despertador que dará inicio en cada día a la jornada. En San Juan de Chadmo en Chiloé su canto es interpretado como “bendito y alabado sea Dios". El poeta lafkenche (Pueblo Mapuche de la Costa de Chile), Lorenzo Aillapan, dice que sus melodías captan la esencia de la tierra y vitalizan a todos los seres cuando se escucha al Wilki silbar: “Cantando digo, vida - alegría-amor. Entre canciones y bailes, por el aire a los oídos saludos al humano, así a los que cuidan a los niños, a los que están vivos, gracias a la naturaleza virgen Chülle Mapu paraíso terrenal de cordillera a mar. De norte a sur todo rejuvenece al volver a la espiritualidad…”. En el pueblo Mapuche dicen que con el compás de su canto en los amaneceres de los bosques el Wilki acompaña el crecimiento de los niños y las madres amamantan cantando “moyoy ta puñeñ, with! Lüchütuy, püñeñ, will!”. En el campo poético, muy hermosos son también los versos de Pablo Neruda quien se admira y maravilla del Zorzal, expresando “Zorzal seguro en el jardín, firme en los pies, ojo seguro, oído que siente ondular bajo la tierra las lombrices, calzado como un caballero con botas de piel amarilla no necesita levantar sus alas llenas de rocío ni su plumaje de pimienta, viaja por tierra y por la hierba recorre el perfume de Chile, el olor de los trigales secos, la sombra de las naranjas, el aire verde de la menta y cuando se siente agobiado por tantos dones  naturales suspira el zorzal melancólico, toma en sus alas la tristeza con su guitarra vegetal y grita con la voz del agua, canta su líquida canción como una gota o una uva o una saeta que tembló y sigue el zorzal su camino pisando con delicadeza el cuerpo fragante de Chile.” El Zorzal se alimenta en el suelo donde se mueve con expedición en busca de invertebrados y semillas y entre el follaje, consume todo tipo de alimentos. Lo he visto personalmente en el jardín de mi casa en Santiago, engullir sin más, el duro fruto rojo, para ellos no de menor tamaño, del Peumo (Cryptocarya alba). Se le ve en pareja o en solitario, tiene un escaso dimorfismo sexual, el macho es gris por encima y con su cabeza negruzca, algunos con pecho ocre anaranjado, en cambio la hembra es más parda por encima, con la cabeza más pálida y pecho con tiente pardusco. En el periodo reproductivo construye con ramitas y barro su nido en forma de taza, fuera de esta época puede vérsele en bandadas, es muy curioso pero siempre es desconfiado y nos observa con sus grandes ojos.
BIBLIOGRAFÍA: 
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