PRÓLOGO, Detenerse tan solo un momento

Resulta habitual que transitemos por la vida y el paisaje, apurados, atareados, saltando de uno a otro quehacer, de "mata en mata" dicen en el campo, cumpliendo múltiples tareas, deberes y exigencias que nos han o nos hemos impuesto y auto impuesto, sin detenernos siquiera un instante para percibir en toda su magnitud la enorme riqueza y diversidad de la que se compone nuestro entorno y existencia. Vivimos virtiginosamente corriendo desesperadamente, insensibles, ciegos, sordos y mudos hasta el final de nuestros días, sin habernos preocupado de hacer aunque fuera tan sólo un pequeño paréntesis, para ver, mirar, oír, escuchar y descubrir lo que a cada uno nos está guardado en este mundo, donde han sido dejadas para nosotros las más sutiles y múltiples maravillas. Este blog sólo pretende aportar un pequeño grano de arena para aquellos que un día hicieron una pausa y percibieron que viajaban acompañados por un sinfín de melodías y formas llenas de vida, y se interesaron en conocer y descubrir las Aves que Viven en Chile.
LAS AVES QUE VIVEN EN CHILE cuenta con los audios del notable Ornitologo Sr. GUILLERMO EGLI (instroducción de la Obra VOCES DE LA FAUNA CHILENA 1998):

El Tordo Curaeus Curaeus, la flauta más dulce del paisaje chileno

Revisando la obra New World Blackbirds The Icterids de Alvaro Jaramillo, quizás el libro de ornitología mas importante a nivel mundial escrito por chileno alguno, divago y razono sobre esta notable familia de espigadas aves, la gran mayoría vestida en gran parte de obscuro plumaje, la que esta compuesta por 103 especies, todas las que se distribuyen en la larga y loca geografía solo del continente americano, Jaramillo dice que son como los Arrendrajos del Viejo Mundo, lo que me lleva a concluir, por cierto desde un punto de vista muy personal y provinciano desde este último rincón del mundo,  que si bien hay Icteridos muchos más bellos que el Tordo, esta especie probablemente es la mas importante pues es una de las que tiene más hermoso y afinado canto. Su nombre científico es el melodioso Curaeus curaeus el que fue tomado en épocas pretéritas por el notable naturalista chileno Jesuita Abate Juan Ignacio Molina (uno de los antecesores de las ideas de Darwin sobre la evolución) de la lengua de nuestro pueblo Mapuche, aludiendo a su canto dicen unos o aludiendo a su color negro dicen  otros (negro = kurü)En efecto, por ejemplo la Loica Sturnella loica del campo chileno, está hermosamente adornada con su incendiado pecho rojo, el Federal Amblyramphus holosericeus de los pajonales argentinos, con su cabeza y cuellos de fuerte color naranja fosforescente, o bien el Tricolored Blackbird Agelaius tricolor de California, con sus hombros elegantemente engalanados con charreteras de múltiples colores como oficial de algún ejercito de opereta, e incluso nuestro querido Trile Agelaius thilius que le da el nombre a Chile, que desde los humedales chilenos nos grita fuerte y movedizo con sus hombros color amarillo, pero ninguno de ellos canta como el negro lustroso Tordo, al que en los campos chilenos le dicen el Pituco por su completo traje oscuro, hasta sus ojos, pico y patas son negros como el azabache, tanto en la hembra como en el macho a diferencia del Mirlo Molothrus bonaeriensis, de notables reflejos azul violeta, con el que no obstante ser de menor tamaño y de pico más corto, muchas veces se le confunde, aunque ella en esta última especie es de color pardo, por cierto una inefable formula para distinguirlos fácilmente. Jaramillo nos hace ver respecto de su aspecto, de algo que es propio solamente de su especie entre los Icteridos, y son aquellas plumas puntiagudas de la garganta que le dan un apariencia barbuda y desordenada (la cual puede observarse en la fotografía que acompaña a este texto). Por todo ello,  quizás en el campo, aunque también vive en las ciudades y en gran variedad de paisajes, se le asemeja a un torvo personaje rural, de esos que en la antigüedad andaban con grandes sombreros negros alones portando afilados corvos al cinto de sus trajes y botas también negros. Cuando niño por allá por mis tierras chillanejas, imaginaba yo a uno de estos seres de antaño, al ver pasar impertérrito por el lado del jardín donde jugaba con mis pequeños hermanos, a un hombre grande a caballo, don Jacinto, el capataz del campo del lado, el que de tez muy obscura e inmensos y ojerosos ojos negros vestido siempre de oscuro arreaba al ganado en las tardes con un largo látigo, también negro, colgado al hombro. Pero no nos distraigamos, veamos la descripción del Pituco que hace el poeta Pablo Neruda, también gran pajarero, con su magistral manejo del idioma: "Al que me mire de frente lo mataré con dos cuchillos, con dos relámpagos de furia: con dos heleados ojos negros. Yo no nací para cautivo. Tengo un ejército salvaje, una milicia militante, un batallón de balas negras: no hay sementera que resista. Vuelo, devoro, chillo y paso, caigo y remonto con mil alas: nada puede parar el brío, el orden negro de mis plumas. Tengo alma de palo quemado, plumaje puro de carbón: tengo el alma y el traje negros: por eso bailo en el aire blanco. Yo soy el negro Floridor." Pero no venía a hablarle yo de este aspecto un tanto misterioso que inspira el Tordo, más bien quería contarles de su notable música que canta solo o en coro de tres o mas individuos que van inerviniendo uno tras otro, en acompasada melodía, probablemente incluso más maravillosa en esta familia, que la del Matico o Turpial Icterus icterusa la que si le ponemos atención, veremos que las armoniosas y dulces notas de parte de su repertorio nos llegaran hasta lo más profundo del alma. Permitanme hacer aquí un parentesis y citar al maravilloso pintor norteamericano avecindado en Chile, Thomas Daskam, también como tantos otros artistas notable pajarero, quién sabiamente nos dice "que debemos ponerle atención a las aves porque ello hará que nuestras vidas se pongan más grandes". Y es verdad, dejenme contarles y vuelvo a la música del Tordo, que viviendo en Santiago, ajetreada capital de Chile, el Curaeus curaeus, muchas veces me ha sacado del trafago de mi mente que en su rutina pasa de una a otra preocupación de mi trabajo en el sistema financiero para transportarme quien sabe donde, a tierras imaginarias llenas del sol dorado de la tarde y de hojas de roble también doradas, haciéndome así un paréntesis de inapreciable valor. Esto me ha ocurrido, y es absolutamente verdadero, caminando incluso por calles de pleno centro financiero de Santiago rodeado del smog y del ruido de miles de motores, en que repentinamente y como por obra de magia un dulce canto de dos o tres frases que viene desde lo alto de un árbol me inunda y me transporta como aire o más bien como agua cristalina y me rapta por algunos momentos a otra vida, por cierto mucho mejor que la mía. Los Huilliches creen que este canto traerá buena fortuna, para mi el amigo Tordo y se que para muchos, es un compañero fiel en este camino por la vida.       
Bibliografía:
-Alvaro Jaramillo, New World Blackbirds The Icterids, Helm Identificaction Guide.
-Alvaro Jaramillo, Aves de Chile.
-Daniel Martínez Piña y Gonzálo Cifuentes, Las Aves de Chile, Nueva Guia de Campo.
-Fray Félix José de Augusta, Diccionario Mapuche, Mapudungún-Español, Español-Mapudungun.
-Pablo Neruda, Arte de Pájaros.
-Ricardo Rozzi, Guía Multi-étnica de Aves de los Bosques Templados de Sudamérica Austral

EL SEÑOR TUCÚQUERE

El Tucúquere forma parte de la Familia Strigidae que a su vez pertenece al Orden Strigiformes, familia que comprende a parte importante de los denominados Rapaces Nocturnos, esto es a los Búhos, el Chuncho, el Concón y el Nuco y que está presente en Chile con 6 especies de las 31 que existen en Sudamérica y de las 189 que existen en el planeta, otros dicen que son aproximadamente 134. Este grupo de aves se encuentra presente en todos los continentes, salvo en la Antártica y en algunas islas oceánicas. Los Búhos están íntimamente relacionados con el ser humano y con el folclore de muchas regiones, para los indios de la tribu Arikara, de las grandes praderas norteamericanas, el Búho era un pájaro benévolo, siendo uno de los 5 animales que ayudaban a la Madre Maíz a dar vida a la humanidad. Pero el aspecto mitológico más conocido del Búho es el de su sabiduría, normalmente se le caricaturiza con anteojos y sobrero de licenciado, lo que es un arquetipo extendido por todas las culturas occidentales. Más allá del evidente aspecto intelectual del Búho que le otorgan sus grandes ojos, esta idea la heredamos desde la antigua Grecia, donde era el compañero de la Diosa Atenea, que además de ser la Diosa de la Guerra era la Diosa de la Sabiduría ya que poseía el don de la profecía, por lo cual llegó a ser la patrona de los atenienses puesto que les ayudaba a tomar las decisiones más correctas para la polis. El Tucúquere, indudablemente es una de las aves más importante del bosque chileno y el único de orejas largas por estas latitudes, que son penachos de plumas en la corona que semejan cuernos o más bien orejas triangulares, se cree que quizás estas extrañas orejas lo ayudan a ocultarse al desfigurar su perfil, pienso que las utiliza para tomar así la temible forma de un felino con alas para intimidar a otros depredadores mamíferos. Desde luego, es el Búho más grande que habita en nuestro país, ambos sexos son semejantes, normalmente se le encuentra en pareja, pero también en solitario o en grupo, si bien la hembra es más robusta que el macho, se indica que los penachos de la corona serían más perpendiculares en el macho y más angulados en las hembras. Su presencia se impone en las noches de los campos de Chile, resulta impresionante verlo desplazarse enorme y silencioso en el claro obscuro del crepúsculo, recuerdo cuando niño verlo parado en el sauce del frente de mi casa, me producía cierto temor y respeto, como un sabio y viejo Chamán. Así ocurre también en las demás naciones vecinas, como en Argentina y Bolivia donde se le conoce por el musical nombre de Ñacurutú, de esa forma es conocido en los idiomas Mapudungun, Guaraní y Aimara. Desde hace muy poco, algunos expertos prefirieron tratarlo como una especie distinta del Bubo virginianus, que es el mayor y más fiero de los Búhos americanos, “su grandes ojos amarillos penetrantes y sus penachos prominentes en las orejas, ayudan a crear una apariencia intimidante”. Basándose en Kóning et al (1966) se le distingue por sus voces diferentes, también por el menor tamaño del Bubo magellanicus y además, dicen algunos su pie relativamente más pequeño y débil. En la zona de contacto de ambas especies en el Nor Oeste de Argentina se dice que ambos tienen comportamientos notoriamente diferentes, no así en Perú donde la situación es más compleja, en todo caso, los entendidos todavía no se ponen de acuerdo y es una situación que requiere de más estudio. Rara vez se le observa volando, en tal caso, las alas se ven largas, anchas y redondeadas. Es café grisáceo densamente barreado de obscuro, posee la cabeza grande, tiene el pecho amplio y fuertes garras. Resaltan sus grandes ojos amarillo rodeados por un disco facial pardo grisáceo. Posee y se desplaza en un vuelo silencioso, pues como todos los Búhos evitan hacer ruido al volar, puesto que tienen adaptaciones especiales en las principales plumas de sus alas, donde sus filamentos son independientes y carecen de barbas alternas, de modo que están flojamente unidos. Gracias a esta estructura se filtra un poco de aire a través de ellas y esto produce una capa de aire lento entre las bolsas de aire inmóviles y las rápidas corrientes, reduciendo así la turbulencia y el ruido. Los diseñadores de los aviones modernos han incluido en sus alas estas notables características para reducir el ruido en los aterrizajes y despegues lo que ha beneficiado mucho a los vecinos de los aeropuertos urbanos extendidos por todo el orbe. El tipo de vuelo es batido, entremezclado con planeo, el que casi siempre es rectilíneo. Como vocalización emite un grito profundo que inmediatamente nos recuerda su nombre, suele cantar durante la noche. Emite un sonoro silbido chirriante cuando disputa su territorio o su pareja. En cambio, posado sobre un árbol emite su característico ululato de voz profunda de donde proviene su onomatopéyico nombre Mapudungun Tukuu, se dice en el Pueblo Mapuche que cuando se escucha en la noche, esta voz parece invocar la densa neblina o trukur, después procede a emitir una nota final de carácter gutural y vibrante que es mucho más fuerte. Asociado a la Cordillera de los Andes, es una especie sedentaria, habita en multitud de ambientes y en diversos tipos de bosques y campos más abiertos, por ejemplo en Chile se le encuentra en matorral andino, matorral, oasis, tierras de cultivo, bosque abierto y estepa patagónica, necesita del campos abiertos para cazar y en cambio requiere de refugios en árboles, arbustos y acantilados para descansar durante la luz del día, ocasión en la que es muy tolerante y confiado para aceptar la cercanía del ser humano. Evita los bosques más densos o cerrados quedándose en el límite de ellos o en bosques bajos muy abiertos, por esto en América no se le encuentra en la selva tropical. Esta especie habita desde el centro del Perú, donde se le denomina Búho Americano, hasta el extremo sur de Chile, donde se distribuye desde Tarapacá a Tierra del Fuego, siendo más común en el territorio que corresponde a la porción sur de su rango. Llega incluso hasta el Cabo de Hornos donde recibe el nombre Yagán de Yahutéla. Según una antigua creencia de estos remotos habitantes del sur de Chile, serían cazadores que se convirtieron en Búhos. Dicen 

que en tiempos ancestrales, cuando los pájaros todavía eran seres humanos, un niño Yagán había perdido a su padre y vivía con su madre y un tío. El tío y los demás hombres del campamento nunca le daban buen alimento y este niño se encontraba muy delgado. Un día, al ver a su hijo tan cansado y con hambre, su madre le fabricó un par de kíli o sandalias de cuero, y le dijo que fuera él mismo a cazar guanacos. Después de cruzar una gran montaña cazó muchos de estos animales y trajo uno grande al campamento. Su madre estaba muy contenta y comenzaron a comer enormes trozos de carne. Excepto su madre, nadie creyó que el niño hubiese sido capaz de matar y transportar un guanaco hasta su akar o ruca. Al otro día los hombres incrédulos acompañaron al pequeño al lugar donde este había dejado los otros guanacos muertos. Todos quedaron sorprendidos al ver los animales cazados por el niño y cada yamana cargó uno para llevarlo de regreso al campamento. Sin embargo, cruzando la gran montaña los hombres se cansaban mucho porque los guanacos que trasportaban pesaban sobremanera. Sólo el niño caminaba rápidamente con su carga y regresó con ella temprano al akar donde lo esperaba su madre. En cambio, los hombres egoístas, cansados, avanzaban muy poco. Recién llegaron al campamento tarde en la media noche, sin carga y convertidos en Búhos. Desde ese día los yahutéla se acercan a los akar de los yáganes llamando en la noche tukúkere, tukúkere , … para luego retirarse a sus bosques o ashuna. Este Búho consume principalmente roedores, marsupiales y otros mamíferos pequeños y medianos, incluso se dice que hasta del tamaño de una liebre, además se alimenta de reptiles insectos, atrapa polillas atraídas por las luces, y además aves que captura mientras duermen, también se dice que peces. Es cazador nocturno de acecho. Como los otros Búhos y Rapaces Nocturnos, esta especie consume las presas pequeñas enteras y regurgita las partes indigeribles, como la piel y los huesos en forma de pelotas denominadas egagrópilas (ver artículo Egagrópilas de Las Aves que Viven en Chile, enlace al final de este artículo). En el extremo austral y en el altiplano también se ve obligado a cazar de día a plena luz. Es muy notable que sus pariente cercano, el Búho de Virginia, y otros Búhos europeos por las condiciones climáticas en las que viven, deshielan las presas congeladas incubándolas como si fueran huevos. No construye nidos y aprovecha depresiones rocosas en acantilados, huecos de tronco de árboles y nidos en desuso de Peucos y Aguiluchos.  Se le ha visto utilizar nidos todavía en uso de Cotorras, debe ser divertido verlo, se me ocurre como en un edificio de departamentos en el que los bajos son ocupados por las dicharacheras y ruidosas Cotorras, cuando en los altos habita el parsimonioso y tranquilo Señor Tucúquere. También suele ocupar depresiones y cuevas existentes en el suelo. Pone dos o tres huevos enteramente blancos y esféricos y el período de incubación es de 35 días. Cerca del nido puede tornarse muy agresivos, pudiendo ser incluso peligrosos, cuando se ve acorralado adopta una posición defensiva para verse más grande, en tal ocasión se engrifa con las alas abiertas y con la cabeza gacha. TUCÚQUERE

Interesante: Ver Egagrópilas, La Huella del Tucúquere

BIBLIOGRAFÍA
1. ANIMAL, Dorling Kindersley. 
2. AVES ARGENTINAS, Tito Narosky y Marcelo Ruda Vega. 
3. AVES DE CHILE, Álvaro Jramillo, obra citada en bibliografía. 
4. AVES DEL MUNDO, Colin Harrison y Alan Greensmith. 
5. AVES DEL MUNDO, Sophie Napier, T.E.B. Taylor, Richard Betts, Vicki Harris, Jill Dorman y Charlotte de Grey. 
6. AVES RAPACES DE CHILE, Andrés Muñoz Pedreros, Jaime Rau Acuña y José Yañez Valenzuela, obra citada en bibliografía. 
7. AVES TORRES DEL PAINE, GUÍA DE CAMPO, Enrique Couve y Claudio Vidal, obra citada en bibliografía. 
8. BIRDS OF PATAGONIA, TIERRA DEL FUEGO & ANTARCTIC PENINSULA, Enrique Couve y Claudio Vidal, obra citada en bibliografía. 
9. ENCICLOPEDIA DE LOS ANIMALES, AVES, Joseph Forshaw. 
10. GUIA DE CAMPO COLLINS, AVES DE SUDAMÉRICA, Jorge Rodríguez Mata, Francisco Erize y Maurice Rumboll, obra citada en bibliografía. 
11. GUÍA DEL OBSERVADOR DE AVES, UNA GUÍA NATURAL DE LAS OBRAS DE EUROPA, Paul R. Ehrlich, David S. Dobkin, Darryl Wheye y Stuart L. Pimm, obra citada en bibliografía. 
12. GUÍA MULTI-ÉTNICA DE AVES DE LOS BOSQUES TEMPLADOS DE SUDAMÉRICA AUSTRAL, Ricardo Rozzi, obra citada en bibliografía. 
13. GUIA PARA LA IDENTIFICACIÓN DE LAS AVES DE ARGENTINA Y URUGUAY, Tito Narosky y Darío Yzurieta. 
14. LAS AVES DE CHILE NUEVA GUÍA DE CAMPO, Daniel Martínez Piña y Gonzalo González Cifuentes, obra citada en bibliografía. 
15. PÁJAROS DEL MUNDO, Rupert O. Matthews.
16. NUEVA GUÍA DE LAS AVES ARGENTINAS, Marcelo Canevari, Pablo Canevari, Gustavo Rodolfo Carrizo, Guillermo Harris, Jorge Rodríguez Mata y Roberto J. Straneck. 

Hued Hued en la Selva Araucana


Tuve la suerte de pasar mi niñez y juventud a los pies del cerro Cayumanqui, cumbre que entre la neblina con sus impenetrables quebradas de Selva Araucana hasta el día de hoy puebla mi mente de mágicas imágenes, olores y también de la música y de los ruidos del bosque. Recuerdo las muchas veces en que antes de saber de aves y pájaros, cuando cabro chico recorría la espesura escuchaba siempre sorprendido y con algún grado de temor los variados y fuertes gritos de un ser que escarbaba entre las hojarascas que en mi imaginación tomaba forma como de alguna especie de simio de largos colmillos, de esos que aparecían en las ajadas revistas de historietas de Tarzán que leíamos en los años sesenta; obviamente que sabía que en nuestro país tales mamíferos no existen, pero igual no podía abstraerme de lo que mi imaginación rápidamente iba creando apoyada de los fuertes gritos que a momento y en las partes mas oscuras de la vegetación parecían rodearnos, tanto desde la altura de los arboles como de entre las matas. Apurábamos nerviosos el paso con mis hermanos y el Leo para cruzar por entre verdes ramas de Quilas (Chusquea coleou) , Helechos (Polysttichum chilense) (Blechnum chilense) (Thelypteris argentina)  y Lianas  para llegar al próximo claro, pero sentía que los sobrenaturales seres sin lugar a dudas nos estaban siguiendo, corriendo y colgándose con sus cuatro extremidades para nunca alcanzarnos y dejarse ver, aunque fuera por un momento, para así mostrar su gran magnitud y desfigurada figura, la que al tenor de sus ruidos me parecían de enormes proporciones. Grande fue mi sorpresa, cuando con el correr de los años descubrí que el "demonio de Tasmania" que yo pensaba habitaba el bosque cercano a mi casa, era tan solo una pequeña hermosa ave de grandes y curiosos ojos de la familia de los Rinocriptidae conocida comúnmente como Hued Hued con nombre científico Pteroptochos tarnii, de alguna manera parecida a un pequeño pollo de corral, de esos que rodean por montones las casas del campo chileno. Pero no soy el único que se ha visto sorprendido y tal vez embrujado por este pequeño habitante del bosque, en su obra Diario de Viaje de un Naturalista, nada menos que el padre de la ciencia moderna, don Carlos Darwin, también embrujado por sus fuertes llamados nos dice que los ingleses en su época le decían pájaro ladradorEn nuestro tiempo, el singular ornitólogo, Álvaro Jaramillo, en su obra Aves de Chile, nos ilustra que su canto es una serie de gritos graves y potentes, que se le siente escarbar ruidosamente con sus fuertes patas pero que es difícil de ver, dice que se posa también sobre los arboles, señalando de este y de toda su familia que son famosos por su naturaleza vocal y que a la vez resultan frustrantemente escondidizos. Es capaz de escarbar largas galerías bajo la tierra donde pude econderse para anidar y dormir. Para el pueblo Mapuche Hued Hued significa loco, en un sentido más bien divertido, refiriéndose a alguien que es bromista y extrovertido que acompaña y entretiene con sus vocalizaciones graciosas al caminante por el bosque. Ficha Hued Hude

Bibliografía:
Álvaro Jaramillo, Aves de Chile
Paulina Riedemann Gustavo Aldunate, Flora Nativa, Chile Zona Sur y Austral, Zona Centro
Charles Darwin, Diario de Viaje de un Naturalista
Marcelo y Pablo Carnevari, Gustavo Carrizo, Guillermo Harris, Jorge Rodríguez Mata y Roberto J. Straneck, Nueva Guía de las Aves Argentinas, Tomo i y ii
Ricardo Rozzi, Guía Multi-étnica de Aves de los Bosques Templados de Sudamérica Austral

Chucao (Scelorchilus rubecola) el gran señor de la Selva de Chile

En repetidas oportunidades he escrito en estas paginas sobre la gran admiración que tengo por el Chucao de la familia de los Rinocriptidaes, pequeño duende que reina en el Bosque Araucano, venerado por todos los que hemos tenido la enorme alegría de adentrarnos por sus maravillosos parajes y por entre el follaje sentir el profundo llamado del Chucao.
En tal sentido que mejor que acompañados por el canto de las ilustres letras del gran Pablo Neruda, en una experiencia casi mística, los invito a caminar por el interior del universo del Chucao que es la Selva Virgen de Chile:

"Ay qué grito en las soledades

Voy por los bosques, anchas hojas, 
gotas de lluvias o cantáridas 
Chucao / Scelorchilius rubecula
y se hunden mis pies en el suelo 
como en una esponja mojada: 
es fría la sombra que cruzo, 
frío el silencio y transparente: 
no pasa nadie por aquí, 
por este lado de la tierra, 
por estas páginas del agua: 
no hay pasajeros perdidos 
ni caballos, la selva sola, 
la emanación de la montaña: 
su cabellera triturada: 
sus infinitos ojos verdes 
y el chucao lanza su lanza
su largo grito desbordante
él rompe con su grito de agua 
mil años largos de silencio 
en que sólo cayeron hojas 
y las raíces ocuparon 
como invasores este reino. 

Alta tristeza errante, canto, 
campana de las soledades, 
oscura flecha del chucao, 
único trino sobrehumano 
en la humedad enmarañada..."

Enlaces a artículos del Blog Las Aves que Viven en Chile relacionados con este tema:
El Reclamo del Chucao
Los Rhinocryptidos Duendes Guardianes de la Selva Araucana
Daniel Zamudio
El Chucao y el Hued Hued por Charles Darwin
Las Aves que Mejor Cantan en Chile
Chucao
Bibliografía:
Pablo Neruda, Arte de Pájaros

El CÓNDOR rey de Los Andes

Crecí en un pueblo pequeño en el sur de Chile a los pies de un gran cerro cubierto de Avellanos y Robles de la Cordillera de la Costa de nombre Cayumanque, que quiere decir seis cóndores en idioma Mapudungun. Ya en esa época esas enorme aves de más de tres metros con sus alas extendidas, el más grande ser volador del planeta, se habían marchado de allí muchos año atrás, los más viejos tenían que buscar en lo más recóndito de su memoria para recordar algún Cóndor visto en su niñez a principios del siglo XX en la zona. Tuve que esperar muchos años para tener la oportunidad de conocer cara a cara al gigante de Los Andes en estado libre, fue en Santiago en el Cajón del Maipo una mañana de un sábado hace como unos 20 años en que junto a un grupo de amigos pedaleábamos en bicicleta de montaña, valga la redundancia, montaña arriba por el camino del Alfalfal que va colgado por el borde del Cajón del Colorado a mas de 100 metros sobre el río del mismo nombre, que en el silencio del esfuerzo, en un momento, voltee la mirada y vi como en cámara lenta planeando al lado nuestro a no más de unos 30 metros en el precipicio, varios Cóndores encabezados por un inmenso macho que circunspecto y flemático también volteaba su cabeza y nos observaba, se deslizaban por el aire como suspendidos en el viento en paralelo a nosotros que también avanzábamos, pero en dos ruedas, desaparecían en el abismo para luego volver a aparecer, y así unas  3 o 4 veces, el aire estaba cristalino y esos momentos me quedaron grabados para siempre. Fue una experiencia increíble, deslizarse en la montaña junto a esos mágicos seres de la cordillera, mirarnos a los ojos bien de cerca para luego marcharnos cada uno por su camino, para no volver a encontrarnos nunca más. Pensé que todo había sido obra de mi imaginación, pero los demás habían experimentado la misma mística  experiencia. Semanas  después cuando  pedaleábamos otra mañana por  el  mismo  lugar, vimos  a  Sergio Nuño con  todos sus equipos  de  televisión,  esperando por un 
similar encuentro, creo que los reyes de la montaña no volvieron a regalar un momento irrepetible como el que nosotros vivimos. Por ello es que me pone tan triste saber que hoy en día, así me cuentan unos amigos, para poder fotografiar tan de cerca a los Cóndores hay que acudir al basurero de la gran ciudad en la localidad de Montenegro en Til Til para encontrar allí un grupo de unos 40 de los otrora orgullosos amos de la montaña rebajados a escarbar como pordioseros entre los desperdicios de los restos de nuestra civilización con los que nosotros inconscientes inundamos el planeta. Nuestros pueblos originarios en una relación muy distinta con el gigante piensan que es el Rey de las Aves, para la cultura Mapuche el Manque a través de su imponente envergadura con sus colores blanco de las nieves eternas y con el negro de los precipicios de roca simboliza a la Cordillera de los Andes, para ellos esta ave simboliza las virtudes esenciales de su cultura reuniendo en si los los atributos de Kimche o persona sabia, Norche del que ama la justicia, Kümeche que es la persona bondadosa y Newenche que es el fuerte, tanto por poseer reciedumbre espiritual como también física. Tan impresionante es este gigante que no solo es el ser volador más grande de la naturaleza sino que además es el que posee la capacidad de volar a la mayor altura, se dice que en su vuelo supera los 7.000 metros por encima de muchos de los altos picos de Los Andes. Las más antiguas culturas del continente Sudamericano ya rendían culto al Cóndor, así ocurre en Tiahuanco donde en la Puerta del Sol de unos 2.200 años se presenta al Cóndor como guardián de Viracocha que es el Dios Creador que emergió del Lago Titicaca. En los tiempos modernos también los fundadores de las nuevas repúblicas de Sudamericana consideran al Cóndor como un símbolo que encarna grandes virtudes, así ocurre con Chile, Bolivia, Ecuador y Colombia que tienen al Cóndor en sus respectivos escudos nacionales. No hace muchos años el Cóndor habitaba a lo largo de la Cordillera de los Andes desde su nacimiento en Colombia en la Sierra de Santa Marta, hasta perderse en los confines del continente en el Cabo de Hornos en Chile, se le encontraba no sólo en la montañas sino también a la orilla del Oceano Pacifico. Este reinado del Cóndor sobre todas las aves puede observarse en el poema de Pablo Neruda titulado ODA A LAS AVES DE CHILE, donde el Premio Nobel "Pajarero" nos presenta al universo de la fauna alada de Las Aves que Viven en Chile y nos dice: "Aves de Chile, de plumaje negro, nacidas entre la cordillera y las espumas, aves hambrientas,  pájaros sombríos, cernícalos (Falco sparverius), halcones (Falco femoralis) (F. prergrinus)águilas (Geranoeatus melanoleucus) (Pandion haliaetus) de las islas, cóndores (Vultur gryphus) coronados por la nieve, pomposos buitres (Coragyps austratus) (Cathartes aura) enlutados, devoradores de carroña, dictadores del cielo, aves amargas, buscadoras de sangre, nutridas con serpientes, ladronas, brujas del monte, sangrientas majestades, admiro vuestro vuelo. Largo rato interrogo el espacio extendido buscando el movimiento de las alas: allí estáis, naves negras de aterradora altura, silenciosas estirpes asesinas, estrellas sanguinarias. En la costa la espuma sube al ala. Ácida luz salpica el vuelo de las aves marinas, rozando el agua cruzan migratorias, cierran de pronto el vuelo y caen como flechas sobre el volumen verde. Yo navegué sin tregua las orillas, el desdentado litoral, la calle entre las islas del océano, el grande mar Pacífico, rosa azul de pétalos rabiosos, y en el Golfo de Penas el cielo y el albatros (Diomedea exulans) (D. epomophora) (Thalassarche bulleri) (T. cauta salvini) (T. chrysostoma) (T.  melanophris)la soledad del aire y su medida,  la ola negra del cielo. Más allá, sacudido por olas y por alas, cormoranes (Phalacrocorax gaimardi) (P. bougainvillii) (P. brasilianus) (P. magellanicus) (P. atriceps)gaviotas (Larus dominicanus) (L. modesstus) (L. pipixcan) (L. serranus) (L. maculipennis) y piqueros (Sula variegata)el océano vuela, las abruptas rocas golpeadas por el mar se mueven palpitantes de pájaros, se desborda la luz, el crecimiento, atraviesa los mares hacia el norte el vuelo de la vida. Pero no sólo mares o tempestuosas cordilleras andinas procreadoras de pájaros terribles, eres, oh delicada patria mía: entre tus brazos verdes se deslizan las diucas (Diuca diuca) matutinas, van a misa vestidas con sus mantos diminutos, tordos (Curaeus curaeus) Angelaius thilius) (Molothrus bonaerensi) ceremoniales y metálicos loros (Enicognathus leptorhynchus) (E. ferrugineus) (Cyanoliseus patagonus)el minúsculo sietecolores (Tachuris rubrigastra) de los pajonales, el queltehue (Vanellus chilensis) que al elevar el vuelo despliega su abanico de nieve blanca y negra, el canastero (Asthenes humicola) (A. pyrrholeuca) y el matacaballo (Crotophaga sulcirostris)el fringilo dorado (Carduelis barbata) (C. uropygialis)el jacamar (Galbula ruficauda) y el huilque (Turdus falcklandii)la torcaza (Patagioenas Columba araucana)el chincol (Zonotrichia capensis) y el chirigüe (Sicalis luteola) (S. olivancens) (S. auriventris)la tenca (Mimus thenca) cristalina, el zorzal (Turdus falcklandii) suave, el jilguero (Carduelis barbata) (C. uropygialis) que danza sobre el hilo de la música pura, el cisne austral (Cygnus melanocoryphus), nave de plata y enlutado terciopelo, la perdiz (Nothoprocta perdicaria) olorosa y el relámpago de los fosforescentes picaflores (Sephanoides sephanoides) (Patagona gigas) (Oreotrochilus leucopleurus) (Hodopis vesper)En la suave cintura de mi patria, entre las monarquías iracundas del volcán y el océano, aves de la dulzura, tocáis el sol, el aire, sois el temblor de un vuelo en el verano del agua a mediodía, rayos de luz violeta en la arboleda, campanitas redondas, pequeños aviadores polvorientos que regresan del polen, buzos en la espesura de la alfalfa. Oh vivo vuelo! Oh viviente hermosura! Oh multitud del trino. Aves de Chile, huracanadas naves carniceras o dulces y pequeñas criaturas de la flor y de las uvas, vuestros nidos construyen la fragante unidad del territorio: vuestras vidas errantes son el pueblo del cielo que nos canta, vuestro vuelo reúne las estrellas de la patria" (Los nombres cientificos fueron agregados). En los tiempos actuales, a pesar de ser tan admirado, el Cóndor se encuentra con serios problemas de conservación habiendo desaparecido de importantes extensiones del continente con lo cual no sólo se ve amenazada la supervivencia de esta especie sino también la desaparición de las virtudes fundamentales encarnadas en el rey de las aves, de la sabiduría, la justicia, la bondad y la disciplina. CÓNDOR
Biblografía:
Ricardo Rozzi, GUÍA MULTI-ÉTNICA DE AVES
Pablo Neruda, ODAS ELEMENTALES
Álvaro Jaramillo, AVES DE CHILE
Daniel Martínez Piña y Gonzálo Gonzalez Cifuentes, LAS AVES DE CHILE NUEVA GUÍA DE CAMPO