¡¡Desastre ecológico y ambiental, incendio en Quillón Chile!!

Incendio arrasa varios miles de hectáreas en el cerro Cayumanqui (Quillón, VIII Región del Bio-Bio), el que con unos 750 metros de altura sobre el nivel del mar en la hoya hidrográfica del río Itata, emplazado a escasos cientos de metros del complejo industrial  del Grupo Agelini, la Planta Celco Itata (una de las factorías de celulosa más grandes e importantes de Sudamérica), constituye uno de los últimos rincones de la selva de la Cordillera de la Costa en la Zona Central de Chile, donde el Bosque Templado, Bosque Magallanico o Bosque Araucano en su variante de Bosque Caducifolio o Bosque Mediterráneo de Nothofaghus abre paso al Bosque Lluvioso Valdiviano Siempreverde de la Costa. Mueren allí calcinadas innumerables especies -probablemente únicas- de la flora y la fauna de Chile y de todo el planeta, dado el alto grado de endemismo de esta zona, que era uno de los últimos habitats de muchas especies, que habían librado hasta aquí del impacto de las perturbaciones producidas por la población humana. El incendio se produjo a la vista y paciencia de las autoridades del Gobierno de Chile y de los demás actores políticos, económicos y sociales relevantes del país, especialmente del gobierno local, esto es la Intendencia de la Octava Región del Bío-Bío y de la CONAF (Corporación Nacional Forestal de Chile), organismo este último del Estado de Chile encargado de proteger su patrimonio natural. Es así como entre los días 01 al 04  de enero 2012, las llamas con sus lenguas infernales avanzaron imperturbables aullando entre mil chispas y remolinos de humo como demonios por las quebradas y las laderas durante varios días y noches, los grandes Robles Raulis,  los olorosos Avellanos, Canelos Boldos y  los coloridos Chilcos y Copihues, no tenían como huir del tráfago de la tragedia y sucumbieron. Los noticieros, tanto en la prensa escrita como en la televisión y en la radio, hablan de las enormes perdidas sufridas por el hombre en vidas humanas, en sus viviendas y en sus actividades forestales, agrícolas, fruticolas e incluso industriales, por cierto todo ello muy lamentable, nadie habla del inmenso daño producido al planeta y a toda la humanidad, nadie alza la voz, por el Chucao, por el Huedhued, por el Churrín, por el Colilargapor el Peuquitopor el Rayadito, por el Carpintero Negro, o por el Carmelita, y por tantos otros, que inocentes muchos perecieron, una vez más por la negligencia grave del ser humano o quizás peor aún, por la mano criminal de algún desquiciado vengador de alguna de las tantas causas, justificadas o no, que hacen levantarse a la raza humana, una y otra vez, unos contra otros, hermano contra hermano, hasta el final de los tiempos, sin importar sus consecuencias. (Imagen de Google Eearth, antes de la catástrofe, a los pies el pueblo de Quillón de la provincia de Ñuble).
Bibliografia:
Adriana E. Hoffman J., FLORA SILVESTRE DE CHILE, ZONA ARAUCANA.
Ricardo Rozzi, GUÍA MULTI-ÉTNICA DE AVES.
Daniel Martínez Piña y Gonzálo González Cifuentes, LAS AVES DE CHILE, NUEVA GUÍA DE CAMPO.
Enrique Couve y Claudio Vidal, AVES DE PATAGONIA, TIERRA DEL FUEGO Y PENINSULA ANTÁRTICA, ISLAS MALVINAS Y GEORGIA DEL SUR.
Álvaro Jaramillo, AVES DE CHILE.

PRÓLOGO, Detenerse tan solo un momento

Resulta habitual que transitemos por la vida y el paisaje, apurados, atareados, saltando de uno a otro quehacer, cumpliendo múltiples tareas, deberes y exigencias que nos han o nos hemos impuesto y auto impuesto, sin detenernos siquiera un instante para percibir en toda su magnitud la enorme riqueza y diversidad de la que se compone nuestro entorno y existencia. Corremos desesperadamente, insensibles, ciegos, sordos y mudos hasta el final de nuestros días, sin habernos preocupado de hacer aunque fuera tan sólo un pequeño paréntesis, para ver, mirar, oír, escuchar y descubrir lo que a cada uno nos está guardado en este mundo, donde han sido dejadas para nosotros las más sutiles y múltiples maravillas. Este blog sólo pretende aportar un pequeño grano de arena para aquellos que un día hicieron una pausa y percibieron que viajaban acompañados por un sinfín de melodías y formas llenas de vida, y se interesaron en conocer y descubrir las Aves que Viven en Chile.
AUDIOS GUILLERMO EGLI:

Charles Darwin y Las Aves que Viven en Chile

Sin lugar a dudas Charles Darwin con su Teoría de la Selección Natural publicada en 1838 es el padre y pilar fundamental de las ciencias biológicas modernas. El notable sabio incubó su descubrimiento en parte importante en las observaciones realizadas en la expedición que dio vuelta al planeta durante casi 5 años, entre diciembre de 1831 y octubre de 1836, visitando entre otros muchos lugares alrededor del globo terráqueo, el sur de América y las costas de Chile en la embarcación de la marina británica Beagle, mítico navío capitaneado por Robert Fitzroy. Resulta sorprendente darse cuenta que entre otros temas estudiando a los Pinzones de las Islas Galápago el científico descubre lo que más tarde revolucionaría el conocimiento humano con su obra El Origen de las Especies por Medio de la Selección Natural. Si leemos su obra, Diario de Viaje de un Naturalista en la que relata con brillante pluma esta travesía y observaciones del mundo natural, con gusto apreciaremos que Charles Darwin tenía gran interés por las aves, en este caso de América, es así como dedica varías páginas de su diario a Las Aves que Viven en Chile, tales como la Turca (Pteroptochos megapodius), el Tapaculo (Scelorchilus albicollis), el Picaflor (Sephanoides sephanoides), el Chucao (Scelorchilus rubecula), el Huedhued (Pteroptochos tarnii) y el Petrel (Macronectes giganteus). Así cuando visita parte importante del territorio de Chile, en el capitulo XII que se refiere a Chile Central encontramos un acápite sobre el Turco (Pteroptochos megapodius) y el Tapaculo (Scelorchilus albicollis) y sobre los Colibríes (Sephanoides sephanoides). Después en el capitulo XIII sobre Chiloé y Las Islas Chonos, se aboca en una parte especial a la descripción del Cheucau (Scelorchilus rubecula) y del Pájaro Ladrador (Pteroptochos tarnii). Asombra y a la vez emociona ver como este gigante del conocimiento humano, se detiene para observar y describir detalladamente a nuestras aves, maravillándose frente a sus particularidades y características, las cuales sin duda alguna le van haciendo entender y le van develando lo que pocos años después será su genial descubrimiento para entender las leyes de la evolución de la vida. Atendido lo expuesto precedentemente en, tres artículos separados, nos tomaremos la libertad para transcribir lo que expone Charles Darwin en su diario sobre estas magnificas Aves que Viven en Chile, los que denominaremos: i. La Turca y el Tapaculo por Charles Darwin en Chile; ii. El Colibrí y el Picaflor por Charles Darwin en Chile, y iii. El Chucao y el Huedhued por Charles Darwin en Chile, los invito a leerlos, son tremendamente interesantes.
Bibliografía:
Charles Darwin, Diario de Viaje de un Naturalista

La Turca y el Tapaculo por Charles Darwin en Chile



“En cuanto a las aves, las más notables son las dos especies del género Pteroptochos (megapodius y albicolllis de Kittliz). El primero, llamado por los chilenos el "turco" (TURCA: Pteroptochos megapodius) tiene el tamaño de un zorzal, pareciéndosele bastante; pero sus patas son más largas, la cola más corta y el pico más fuerte; el color tira a pardo rojizo. El turco no es raro en la campiña. Vive en tierra, oculto en los matojos de vegetación diseminados en las áridas y estériles montañas. Con su cola recta y patas como zancos, vésele de cuando en cuando saltar de un arbusto a otro, con desusada rapidez. Realmente cuesta poco trabajo imaginarse se avergüenza de si propia, conociendo que, su figura es en extremo ridícula. Al verle por primera vez uno se siente tentado a exclamar: "¡Algún ejemplar horriblemente disecado ha revivido y escapado de las vitrinas de un museo para buscar refugio en estos sitios!". No puede echar a volar sin grandes esfuerzos, y tampoco corre, sino salta. Los variados gritos que deja oír cuando está escondido entre los arbustos son tan extraños como su figura. Se dice que construye su nido en un profundo agujero bajo el suelo. Disequé varios ejemplares, y en las mollejas, que son muy musculosas, encontré coleópteros, fibras vegetales y pedrezuelas. En atención a este carácter, a la longitud de sus patas, dedos provistos de uñas apropiadas para escarbar, membranas nasales y alas cortas y arqueadas, este ave parece relacionar hasta ciertos punto los zorzales con el orden de las gallináceas. La segunda especie ( o P. albacollis) es afín a la primera en su forma general. En el país le llaman "tapaculo" (TAPACULO: Scelorchilus albicollis), nombre fundado en la costumbre que tiene de llevar la cola, no ya derecha, sino doblada sobre el dorso, hacia la cabeza, dejando al descubierto la parte posterior, Abunda mucho y frecuenta la parte baja de los setos y arbustos dispersos en las colinas y montañas yermas, donde apenas otra ave alguna puede existir. Por la clase de alimentación que prefiere, modo de salir bruscamente de matorrales para volver a ellos al punto, afición a ocultarse, repugnancia al vuelo y arte de construir el nido, se parece mucho al turco, pero su forma no es tan ridícula. El tapaculo goza fama de astuto cuando alguien le asusta, permanece quieto en el fondo de un arbusto, y al poco tiempo se escabulle, sin hacer ruido, por el lado puesto. De ordinario se mueve sin cesar de un sitio a otro, cantando de manera variada y extraña; unas veces imita el arrullo de las palomas; otras, el gorgotea del agua, y otras produce unos sonidos imposibles de describir. La gente del país dice que muda el canto cinco veces según el cambio del tiempo, a lo que creo (Es notable que Molina, no obstante describir minuciosamente todas las aves y animales de Chile, ni una sola vez mencione este género, cuyas especies son tan comunes y sorprendentes por sus hábitos. ¡Andaría perplejo en su clasificación y creería, por tanto, que el silencio era lo más prudente? He aquí un ejemplo de la frecuencia de las omisiones por autores en los asuntos que menos podría esperarse).” Charles Darwin, Diario de Viaje de un Naturalista, Capitulo XII, Chile Central.

El Colibrí y el Picaflor por Charles Darwin en Chile


"Dos de picaflores o colibríes son comunes en el país: el Trochilus fortificatus (PICAFLOR CHICO: Sephanoides Sephanoides) habita en un espacio de más de 2.500 millas, por toda la costa occidental, desde la seca y calurosa región de lima hasta la selva de Tierra del Fuego, donde puede vérsele revolotear entre los copos de nieve. En la frondosa isla de Chiloé, que tiene un clima extremadamente húmedo, estas avecillas se mueven de aquí para allá entre el colgante follaje, en mayor número quizá que otras de diferente especie. Abrí los estómagos de varios ejemplares, cazados con la escopeta en diversas partes del continente, y en todos hallé restos tan numerosos de insectos como en el estomago de una trepadora. Cuando dicha especie emigra en verano hacia el Sur, es reemplazada por la llegada de otra que viene del Norte. Esta segunda especie (Trochilius gigas) es un ave grande (PICAFLOR GIGANTE: Patagona gigas), si se atiende a la delicada familia a que pertenece, y presenta un aspecto singular en su vuelo. Como otras del género, se trasladan de una parte a otra con una rapidez comparable a la del Syrphus, entre las moscas, o a la Sphinx, entre las mariposas, pero al cernerse sobre una flor bate las alas con un movimiento lentísimo y fuerte, totalmente distinto del vibratorio, que es común a la mayoría de las especies, y produce un zumbido característico de los demás colibríes. No he visto otra ave en que la fuerza de las alas pareciera (como en las mariposas) tan potente en relación al peso de su cuerpo. Al mantenerse en el aire junto a las flores abre y cierra constantemente la cola, a modo de abanico, y entretanto el cuerpo se sostiene en posición vertical, cabeza abajo. Esta acción parece dar estabilidad y sostén al pájaro entre dos vibraciones sucesivas de sus alas. Aunque se los vea siempre volar de una flor a otra en busca de comida, su estómago contiene de ordinario restos abundantes de insectos, que son los que, a mi juicio, busca mejor que el néctar. La nota que emite esta especie, como la de casi todos los individuos de la familia, es extremadamente aguda."
Charles Darwin, Diario de Viaje de un Naturalista, Capitulo XII, Chile Central.

El Chucao y el Huedhued por Charles Darwin en Chile


“En todas las partes de Chiloé y Chonos se ven dos aves muy extrañas, que son parecidas y reemplazan al turco y al tapaculo de Chile Central. A la una la llaman los indígenas “cheucau” (Pteroptochos rubecula) (CHUCAO: Scelorchilus rubecula); frecuenta los sitios más sombríos y retirados de las selvas húmedas. Unas veces, aunque su canto pueda oírse muy cerca, a no mirar con gran cuidado se ve el cheucau; otras veces bastará permanecer inmóvil para que el pajarillo se acerque a corta distancia de la manera más familiar. Entonces salta con inquieta rapidez entre la enmarañada urdimbre de cañas y ramaje podrido, con su pequeña cola levantada. El cheucau es objeto de supersticiosos temores para los chilotes, por causa de sus extraños y variados gritos. Hay tres muy distinto: el uno se llama “chiduco”, que es de buen agüero; el otro “huitreu” muy desfavorable, y un tercero, que se me ha olvidado. Dichas voces imitan sus cantos, y por ello se gobiernan sin vacilar los indígenas en muchas cosas. Realmente los chilotes han elegido para profeta a una de las mas cómicas criaturas. Una especie afín, poco algo mayor, lleva el nombre indígena de de “guid-guid” (Pteroptochos Tarnii) (HUEDHUED: Pteroptochos tarnii), y los ingleses le han designado con el nombre de pájaro ladrador. Esta última denominación es muy apropiada, pues desafío a cualquiera que le oiga cantar por primera vez que no le distingue de un perrito ladrando en la selva. Con este ave sucede lo mismo que con el cheucau, es decir, que a veces el observador oye el ladrido a corta distancia, pero en vano se esforzará para descubrir el pájaro, y menos aun si sacude las matas, y, en cambio, otras veces el guid-guid se le acercará confiadamente. Su sistema de alimentación y hábitos generales se parecen mucho a los del cheucau.” Charles Darwin, Diario de Viaje de un Naturalista, Capitulo XIII, Chiloé y Las Islas Chonos.

El Reclamo del Chucao y de Las Aves que Viven en Chile

Hay aves en el campo y en el bosque chileno cuyo canto parece un lamento. ¿Que nos quieren decir cuando desde las profundidades de las quebradas o de la selva valdiviana nos increpan y nos ruegan con su canto? ¿Es acaso algo que no estamos haciendo bien? ¿O es más bien algo que estamos haciendo muy mal? ¿No será que están llenos de tristeza por cómo vamos cubriéndolo todo de hollín y de pavimento? ¿Por como manipulamos los códigos genéticos perdiendo los originarios que ya estaban aquí antes que el hombre? ¿Por como contaminamos nuestras aguas? ¿Por cómo vamos arrasando con el bosque templado austral? Indudablemente, creo yo, ven con desesperación como los Peumos (Cryptocarya alba), Quillayes (Quillaja saponaria), Araucarias (Araucaria araucana), Robles (Nothofagus obliqua), Raulíes (Nothofagus alpina), Coigües (Nothofagus dombeyii), Avellanos (Gevuina avellana), Boldos (Peumus boldus) y tantas otras especies, son reemplazadas por los voraces Eucaliptos y Pinos. El problema más grave es que entre estos últimos y a su amparo solo pueden crecer las extranjeras y egoístas Zarzamoras (Rubus ulmifolius) y Mosquetas (Rosa moschata); no pueden desarrollarse allí en verdes y mullidos manchones a la vera de los esteros la Hierba de la Plata (Equisetum bogotense), no pueden escalar sus troncos y ramas los colorados Copihues (Philesia magellanica), ni los naranjos Digüeñes (Cyttaria espinosae), las Lianas (Hidrangea serratifolia), los uniformados Soldadillos con sus gorros rojos amarillos y azules (Tropaeolum tricolor) ni las fucsias campanitas de los Chilcos (Fuchsia magellanica), tampoco pueden vestir sus pies los cañaverales de Quilas (Chusquea cumimngii), ni arroparse con los mantos de las Nalcas (Gunnera chilensis), ni cubrirse con oro de los amarillos Huilmos (Sisyrinchium striatum), ni tampoco con las tejidas hojas del Helecho (Megalastrum spectabaile), no pueden posares en sus ramas para descansar las Lechuzas (Tyto alba) ni los Peucos (Parabuteo unicinctus), ni pueden picotear sus cortezas los Carpinteros (Campephilus magellanicus) ni los Pitíos (Colaptes pitius). Es por eso y esto que la Viudita (Colorhamphus parvirosrtris) viene del Sur de nuestro país para lamentarse, es también por ello que la Turca (Pteroptochos megapodius.) desde las laderas arriba de Santiago también llora acompañada por la melancólica Codorniz (Callipepla californica) traída desde la lejana California. Y el llanto de nuestras aves, se prolonga por todo nuestro territorio, por Perdices (Nothoprocta perdicaria) en los trigales y viñedos, Hualas (Podiceps major) entre las Totoras (Typha angustifolia) y Colas de Zorro (Cortaderia selloana) en las lagunas de la Zona Central y por Hued Hued (Pteroptocho tarnii) en los escasos bosques nativos que van quedando en la Cordillera de la Costa, en el Cayumanqui. Pero hay alguien que no se conforma con la pena y nos reclama airado por tantos errores y atropellos, es el rey de la selva virgen del sur de Chile, es el señor Chucao (Scelorchilus rubecola), que desde su trono con chaleco rojo y pantalones castellanos, guardián de nuestras conciencias, nos requiere y nos demanda con un grito profundo, para que cuidemos lo tanto que nos ha sido puesto a nuestro resguardo. Nos recuerda que nuestro entorno, su fauna, su flora, el aire y el agua y sus diversas riquezas, no son para nuestro amaño y que debemos cuidar, montañas, bosques, lagos, ríos y mares para nuestros hijos y nietos, y para los que vendrán después de ellos, sangre de nuestra sangre. A quienes nosotros sus antepasados no podremos darles por toda explicación, que fuimos inconscientes, que nos creímos inocentes, que no nos dimos cuenta, que no sabíamos. La historia nos juzgará, y créanme esa sentencia no nos absolverá, por el contrario nos condenará y con agravantes, como aquellos que pudiendo hacerlo no lo hicimos, como aquellos responsables de la desaparición de miles de especies que la evolución en un proceso de millones de años nos preparó y nos regaló para nosotros, y que desechamos y destruimos en tan solo unas pocas décadas. Pero aún no es tarde, todavía podemos dar un vuelco y pasar a la historia de la humanidad como aquella generación que fue capaz de cambiar las cosas, es increíble como cuando el ser humano se propone algo, es posible lograr el cambio de un destino que parecía inexorable. Pongamos atención a nuestras aves que con sus voces y trinos algo importante, sin duda alguna nos quieren decir, a ti a mí y a todos nosotros, no seamos sordos, no esperemos a que sea tarde y tengamos que vivir aquella Primavera Silenciosa que Rachel Carson brillantemente describió hace tantos años ya.
BIBLIOGRAFIA:
1. LAS AVES DE CHILE NUEVA GUÍA DE CAMPO, Daniel Martínez Piña y Gonzalo González Cifuentes, obra citada en acápite Bibliografía.
2. AVES DE CHILE, Álvaro Jaramillo, obra citada en acápite Bibliografía.
3. BIRDS OF PATAGONIA, TIERRA DEL FUEGO & ANTARTIC PENINSULA; Enrique Couve y Claudio Vidal, obra citada en acápite Bibliografía.
4. FLORA AUSTRAL DE CHILE, ZONA ARUCANA; Adriana Hoffmann.
5. FLORA SILVESTRE DE CHILE, ZONA CENTRAL; Adriana Hoffmann.
6. PLANTAS MEDICINALES DE USO COMUN EN CHILE; Adriana Hoffmann, Cristina Farga, Jorge Lastra y Esteban Veghazi.