El Tordo Curaeus Curaeus, la flauta más dulce del paisaje chileno

Revisando la obra New World Blackbirds The Icterids de Alvaro Jaramillo, quizás el libro de ornitología más importante a nivel mundial escrito por chileno alguno, divago y razono sobre esta notable familia de espigadas aves, la gran mayoría vestida en gran parte de oscuro plumaje, la que esta compuesta por 103 especies, todas las que se distribuyen en la larga y loca geografía solo del continente americano, Jaramillo dice que son como los Arrendrajos del Viejo Mundo. Todo esto me lleva a concluir, por cierto desde un punto de vista muy personal y provinciano desde este último rincón del mundo,  que si bien hay Icteridos muchos más bellos que el Tordo, esta especie probablemente es la más importante pues es una de las que tiene más hermoso, completo y afinado canto. Su nombre científico es el melodioso Curaeus curaeus el que fue tomado en épocas pretéritas por el notable naturalista chileno Jesuita Abate Juan Ignacio Molina (uno de los antecesores de las ideas de Darwin sobre la evolución y citado en reiteradas oportunidades por este sabio en su magna obra, pilar fundamental del conocimiento humano) de la lengua de nuestro pueblo Mapuche, aludiendo a su canto dicen unos o aludiendo a su color negro dicen  otros (negro = kurü)En efecto, por ejemplo la Loica Sturnella loica del campo chileno, está hermosamente adornada con su incendiado pecho rojo, el Federal Amblyramphus holosericeus de los pajonales argentinos, con su cabeza y cuellos de fuerte color naranja fosforescente, o bien el Tricolored Blackbird Agelaius tricolor de California, con sus hombros elegantemente engalanados con charreteras de múltiples colores como oficial de algún ejercito de opereta, e incluso nuestro querido Trile (Agelaius thilius) que le da el nombre a Chile, que desde los humedales chilenos nos grita fuerte y movedizo con sus hombros color amarillo, pero ninguno de ellos canta como el negro lustroso Tordo, al que en los campos de Chile le dicen el Pituco, por su completo traje oscuro, hasta sus ojos, pico y patas son negros como el azabache, tanto en la hembra como en el macho. A diferencia del Mirlo (Molothrus bonaeriensis), este último de notables reflejos azul violeta, con el que no obstante ser de menor tamaño y de pico más corto, muchas veces se le confunde, aunque la hembra en esta última especie, es de color pardo, por cierto una inefable formula para distinguirlos fácilmente. Jaramillo nos hace ver respecto de su aspecto, de algo que es propio solamente de su especie entre los Icteridos, y son aquellas plumas puntiagudas de la garganta que le dan un apariencia barbuda y desordenada (la cual puede observarse en la fotografía que acompaña a este texto). Por todo ello,  quizás en el campo (aunque también vive en las ciudades y en gran variedad de paisajes) se le asemeja a un torvo personaje rural, de esos que en la antigüedad andaban con grandes sombreros negros alones portando afilados corvos al cinto de sus trajes y botas también negros. Cuando niño por allá por mis tierras chillanejas, imaginaba yo a uno de estos seres de antaño, al ver pasar impertérrito por el lado del jardín donde jugaba con mis pequeños hermanos, a un hombre grande a caballo, don Jacinto, el capataz del campo del lado, el que de tez muy obscura e inmensos y ojerosos ojos negros vestido siempre de oscuro arreaba al ganado en las tardes con un largo látigo, también negro, colgado al hombro. Pero no nos distraigamos, veamos la descripción del Pituco que hace el poeta Pablo Neruda, también gran pajarero, con su magistral manejo del idioma: "Al que me mire de frente lo mataré con dos cuchillos, con dos relámpagos de furia: con dos helados ojos negros. Yo no nací para cautivo. Tengo un ejército salvaje, una milicia militante, un batallón de balas negras: no hay sementera que resista. Vuelo, devoro, chillo y paso, caigo y remonto con mil alas: nada puede parar el brío, el orden negro de mis plumas. Tengo alma de palo quemado, plumaje puro de carbón: tengo el alma y el traje negros: por eso bailo en el aire blanco. Yo soy el negro Floridor." Pero no venía a hablarle yo de este aspecto un tanto misterioso que inspira el Tordo, más bien quería contarles de su notable música que canta solo o en coro de tres o mas individuos que van interviniendo uno tras otro, en acompasada melodía, probablemente incluso más maravillosa en esta familia, que la del mítico Matico o Turpial (Icterus icterus)a la que si le ponemos atención, veremos que las armoniosas y dulces notas de parte de su repertorio salido como de una flauta de bambú, nos llegaran hasta lo más profundo del alma. Permitanme hacer aquí un paréntesis y citar al maravilloso pintor norteamericano avecindado en Chile, Thomas Daskam, también como tantos otros artistas, un notable pajarero, quién sabiamente nos dice "que debemos ponerle atención a las aves porque ello hará que nuestras vidas se pongan más grandes". Y es verdad, déjenme contarles y vuelvo a la música del Tordo, que viviendo en Santiago, ajetreada capital de Chile, el Curaeus curaeus, muchas veces me ha sacado del trafago de mi mente que en su rutina pasa de una a otra preocupación de mi trabajo en el sistema financiero para transportarme quien sabe donde, a tierras imaginarias llenas del sol dorado de la tarde y de hojas de roble también doradas y olorosas, haciéndome así un gratuito paréntesis de inapreciable valor. Esto me ha ocurrido, y es absolutamente verdadero, caminando incluso por calles del pleno centro financiero de Santiago rodeado del smog y del ruido de mil motores, en que repentinamente y como por obra de magia un dulce canto de dos o tres frases las que constituyen su Canto Territorial, el que viene desde lo alto de un árbol deshojado, me inunda y me transporta como aire o más bien como agua cristalina y me rapta por algunos momentos a otra vida, por cierto mucho mejor que la mía. Los Huilliches creen que este canto traerá buena fortuna, para mi el amigo Tordo y se que para muchos, es un compañero fiel en este camino por la vida y pienso y si ... me ha traído buena fortuna. Mi abuela María, me contaba cuando niño, que el Tordo es un pájaro muy inteligente y que cuando ella era niña en Quillota había en su casa uno que andaba suelto por el jardín y que gozaba parándose sobre el portalón de servicio donde le silbaba a quién pasara por el frente, engañando a los incautos, los que pensaban, que alguna joven al servicio de la casa estaba flirteando con ellos. Cuando el seducido, que era normalmente el lechero o el panadero, tocaba la campanilla de esa puerta, el ave se mataba de la risa dejando en vergüenza al ingenuo, el que era objeto de burlas de parte de las niñas. Mi suegro don Raúl, me confirma sobre su inteligencia y me cuenta que en su juventud rescató a un Tordo  de las aguas de un estanque por allá por Rivadavia en el valle del Elqui y que se lo trajo a Santiago poniéndole por nombre Moisés (el rescatado de las aguas). Me dice que este Pituco, lo acompañó por mucho tiempo hasta que fue víctima de una gato, y que era un gran hablador pudiendo repetir innumerables palabras en el vocablo de nosotros los humanos. Me cuenta además, que desde esa experiencia de juventud, también les tiene gran aprecio y admiración y que ha observado que cuando uno de ellos encuentra alimento le avisa a la bandada con un canto especial, la que luego se deja caer en grupo en el lugar.  Ficha: Tordo Curaeus Curaues       
Bibliografía:
-Alvaro Jaramillo, New World Blackbirds The Icterids, Helm Identificaction Guide.
-Alvaro Jaramillo, Aves de Chile.
-Daniel Martínez Piña y Gonzálo Cifuentes, Las Aves de Chile, Nueva Guia de Campo.
-Fray Félix José de Augusta, Diccionario Mapuche, Mapudungún-Español, Español-Mapudungun.
-Pablo Neruda, Arte de Pájaros.
-Ricardo Rozzi, Guía Multi-étnica de Aves de los Bosques Templados de Sudamérica Austral