El simpático Chincol o Chingolo (Zonotrichia capensis)

Sin hay algún habitante alado característico, presente en casi todos los ambientes de Chile, conocido y común es sin duda alguna es el simpático y querido Chincol, conocido a nivel mundial con el nombre de Chingolo Común (en inglés: Rufous-collared Sparrow/ en francés: Bruant chingolo/ en alemán: Morgenammer); amigo, manso y confiado compañero de niños y grandes, reconocido por su simpatía que explota al máximo con su armonioso canto que creen que pregunta por su misterioso Tío Agustín, que según dice la creencia popular era un compositor de quebradura de huesos. Canta especialmente en la madrugada y también en el crepúsculo, a veces canta de noche cuando algo lo asusta. Cuando era niño mi abuela María, ya lo he contado antes en este blog, la que quedó ciega alrededor de los 50 años por Glaucoma, apenas escuchaba su inconfundible canto de tres silbos
gorgeados seguidos de un trino, se inundaba de alegría y se ponía a silbar igual que el pequeño y dulce cantor, es quizás por ello el Chincolito siempre ha tenido un especial significado para mí y para mi madre. El Chincol, habita en Centro y Sudamérica desde el sur de Mexico hasta donde el continente termina en el fín del mundo en el Cabo de Hornos, a excepción del bosque tropical de la Amazonía y de la cuenca del Orinoco. La ornitología al describir su canto señala que posee una canción sencilla con una serie de silbidos y un trino terminal, que tiene variaciones ya que puede ser dulce y quejumbroso, se dice que en países como Ecuador y Costa Rica su repertorio puede ser hasta de nada menos que siete melodías, a diferencia de más al sur, como ocurre en Chile y en Argentina donde interpreta una sola canción. En la enorme extensión geográfica en la que se le encuentra, se ha descubierto que sus trinos tienen notables variaciones, las que se cree, cambia debido a las alteraciones en el paisaje de los distintos hábitats, el que naturalmente tiene diversas acústicas, así en los pastizales da trinos con tonalidades más altas, en contraste con el borde de los grandes bosques donde en cambio son más bajos. Se dice que posee dialectos y repertorios geográficamente diferenciados. En general recuerda a un Gorrión (Passer domesticus), pero es menos dado al gregarismo y es mucho más discreto en todas sus rutinas, vive en espacios abiertos, principalmente en lugares habitados, desde el nivel del mar hasta las grandes alturas andinas donde llega a los 4.600 metros, recorre caminos y parques no teniendo inconveniente alguno en vivir cerca de las viviendas humanas; en el suelo camina dando saltitos, la creencia popular dice que ello se debe a que le quebraron las canillas en un disputado juego de chueca (antiguo juego mapuche con bastones, como en el hockey). En Chile, se distinguen cinco razas de esta especie, la mayoría similares, denominadas, Z. chilensis, que es la mas difundida en el país, Z. antofagastae, Z. peruviensis, Z. sanvorni y Z. australis. Esta última es la de mayor tamaño. En cuanto a su alimentación, es principalmente granívoro, aunque puede decirse que ella es bastante variada comprendiendo semillas, frutos y artrópodos, dependiendo de la época del año y su disponibilidad. Normalmente se alimenta en el suelo, donde suele escarbar con las patas. En el Norte de Chile usualmente pica detrás de las flores de Yaro (Dunalia spinosa), para extraer el néctar. A los individuos que no se están reproduciendo en pareja y a los jóvenes se les puede observar en pequeñas bandadas, en cambio los que si están enlazados son monógamos, cabe señalar que ambos sexos son prácticamente indiferenciados; la encargada de construir el nido es la hembra, que lo sitúa en el suelo en agujeros y en la vegetación hasta la altura de un metro, también en huecos, en barrancas. Tiene la forma de una sencilla taza y es compacto, elaborado prolijamente con hierbas y fibras vegetales y con un forro de material muy fino que puede incluir cabello, donde pone 4 a 5 huevos de color azul verdoso pálido con densas manchas marrones. La incubación es de 12 a 13 días, después los pichones permanecen en el nido 11 a 12 días, siendo alimentados por ambos padres. Como son excelentes y reconocidos buenos progenitores, es bastante habitual que el nido sea parasitado por el Mirlo (Molothrus bonaerensi), por ello es común ver a esta pequeña avecilla alimentando juveniles pardos de esta especie, que son de mucho mayor tamaño, situación que llama la atención del observador. Es
una especie cuya conservación no se encuentra amenazada. La íntima relación del hombre con el Chincol se ve brillantemente plasmada en los versos de Pablo Neruda, que dice: “Me despertaste ayer, amigo y salí a conocerte: el universo olía a trébol, a estrella abierta en el rocío: quién eres y por qué cantabas tan tímidamente sonoro, tan inútilmente preciso? Por qué subía el surtidor con la exactitud de tu trino, el reloj de una gota de agua, tu pequeño violín fragante preguntándole a los ciruelos, al manantial indiferente, al color de las lagartijas, preguntando preguntas puras que nadie puede contestar? Apenas te vi, pasajero, músico mínimo, tenor de la frescura, propietario de la pureza matutina, yo comprendí que devolvías con tu pequeña flauta de agua tantas cosas que habían muerto: tantos pétalos enterrados bajo las torres del humo, en el gas, en el pavimento, y que con tu acción de cristal nos restituyes al rocío”. En cuanto a algunas antiguas tradiciones de nuestro país, los chilotes piensan que si el Patriota, así le dicen, se detiene en la puerta de la casa, anuncia visitas, si canta cerca de la casa es señal de lluvia y si lo hace a medianoche, indica buen tiempo. Además, dicen que su canto presagia la llegada de una carta con buenos sentimientos y que si persigue a una mujer esta se casará con un indígena. Los patagones, señalan que si canta de noche está anunciando visita. Los selk’nam, habitantes del confín del mundo, creen que el moño y la mancha blanca del cuello le quedaron después de una feroz pelea con una Loica, cuando ambos eran humanos y esta última, en la gresca lo tomó por el pelo y el pescuezo. Los mapuches piensan que el Chinkol, como dicen, que por tener su copete cual lonko de Arauco, algún día descubrirá y desenterrará el hacha del mítico toki que fué Caupolicán.  

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