Egagrópilas

En mis habituales salidas en bicicleta de montaña a la precordillera de Santiago, con mi amigo Rodolfo hemos observado que a las afueras de la cueva donde habita un Pequén (Athene cunicularia), el que ya resulta conocido para nosotros por la cantidad de veces que lo hemos avistado, existen innumerables restos de lo que a primera vista pudiera pensarse que se trata de excrementos, pero no es tal el caso, pues se trata de egagrópilas. Consultada la literatura de los entendidos he averiguado lo siguiente, que para aquellos que se interesan en las Aves que Viven en Chile, espero les resultará un tema atractivo.
Cuando las rapaces nocturnas se comen un vertebrado pequeño lo digieren todo a excepción de los huesos, uñas, mandíbulas y el pelo o las plumas. Regurgitan estos restos en forma de una pelota dura, recubierta de fieltro o de plumas, algunas veces una víctima por pelota, otras una docena o más. Cuando los Búhos y Lechuzas se alimentan de insectos, cada pelota regurgitada contiene la fracción no digerible de las cubiertas de números individuos.
Regurgitar porciones no digeribles de comida en forma de pelotas también es un procedimiento común en otras Rapaces y en Gaviotas. Esta conducta ha sido registrada en muchos otros grupos de aves, como las Garzas y los Martínez Pescadores.
Las egagrópilas, especialmente en el caso de las Rapaces Nocturnas que en Chile son además del Pequén (Athene cunicularia) antes nombrado, el Túcuquere (Bubo magellanicus), el Nuco (Asio flameus), la Lechuza Blanca (Tyto alba), el Cocón (Strix rufipes) y el Chuncho (Glaucidium nanum) que por lo general acostumbran tragarse a sus presas enteras, le sirven a los ornitólogos para registrar lo que comen en las distintas épocas del año y en cada zona geográfica. Estas pelotas son duras por lo que se conservan durante bastante tiempo en zonas de clima seco, lo que permite recolectarlas en buen número en las proximidades de los dormideros. Si se separan de la egagrópila los restos óseos más duros como son los cráneos y dientes, se puede determinar con facilidad la identidad de las presas, especialmente cuando se trata Roedores. Hace un tiempo mientras trajinabamos y hurgabamos en Farrellones (Cordillera de los Andes - Santiago de Chile)  unas egagrópilas  de Tucúquere con el profesor Álvaro Jaramillo, este nos decía que no había que tener temor alguno de infección en ello, puesto que con los ácidos intestinales morían todos los gérmenes y parásitos que pudieran haber en tales restos. Estos estudios en el caso de los Micromamíferos, son ahora más importantes que nunca en atención al riego que existe de contagio con Hantavirus, enfermedad que muchas veces resulta mortal para el ser humano, la que se ha visto incrementada en las últimas décadas no obstante existir hace cientos de miles de años, dado la presión ejercida por la población del hombre sobre los hábitat naturales de los roedores campestres, especialmente respecto del Ratón de Cola Larga (Oligoryzomys longicaudatus), el que tradicionalmente no habita en las ciudades. De este modo el estudio de las egagrópilas resulta una confiable técnica para estimar la biodiversidad de especies en un área determinada y como ella pude ser y es controlada de forma natural por los serviciales rapaces nocturnos.
Las egagrópilas de las Rapaces Diurnas tales como las Águilas y Gavilanes, pueden prestar menor utilidad para estos estudios, toda vez que muchas de estas aves acostumbran arrancar la carne de sus víctimas y no se tragan sus huesos. En todo caso el asunto no es tan fácil, los entendidos en la materia recomiendan partir por estudiar la abundante literatura sobre el tema, pues por ejemplo en el caso del Pequén, no obstante tratarse de una rapaz nocturna, posee el habito de cazar presas de gran tamaño, decapitándolas para luego proceder a consumir sólo trozos de esta, por ello en sus egagrópilas no se encontrarán los restos óseos de parte importante de los vertebrados que componen su dieta.

Bibliografía:
Guía del Observador de Aves, Paul R. Ehrlich, David S. Dobkin, Darryl Wheye y Stuart L. Pimm (Obra citada en acápite Bibliografía)
Aves Rapaces de Chile, Andrés Muñoz Pedreros, Jaime Rau Acuña y José Yañez Valenzuela (Obra citada en acápite Bibliografía)